MUCHO MÁS QUE UN CLUB

«Los creyentes vivían todos unidos»
Hechos 2,44
¿Qué hace que un club de fútbol sea más que un lugar donde se aprende a jugar y a competir? Intervienen muchos factores. Sus señas de identidad, la visión de futuro que tenga, la misión que intente llevar a cabo, los valores que lo impregnan y también su estilo de juego. Sobre todo, sin embargo, para decir «más que un club», debe poder verse un valor añadido que supera lo estrictamente futbolístico.
Una parroquia reúne a mucha gente, personas de todas las edades y en diversos momentos vitales. A menudo, la gente de la parroquia se encuentra en un mismo lugar, un día a la semana, como los aficionados que van al campo el día de partido. Este lugar es la iglesia, para celebrar la Eucaristía el domingo.
La parroquia, efectivamente, se encuentra en la iglesia para celebrar la fe el domingo. Pero es mucho más que el templo. Es una comunidad de personas con necesidades profundas, con fe y con ganas de encontrarse, de compartir la vida, de formarse y de servir.
¿Y si la parroquia no fuera solo un lugar al que ir, como quien va a un estadio el día de partido? ¿Y si fuera un lugar donde pasaran cosas, donde se compartiera la vida, donde pudiéramos encontrarnos con Dios y con los demás, donde cada uno pudiera descubrir que tiene algo que aportar?
Una parroquia no es solo un edificio ni un horario. Es una comunidad. Y una comunidad está viva cuando acoge, acompaña, celebra, sirve, forma y sale al encuentro.
Por eso, más que preguntarnos cuánta gente viene a la parroquia, quizá deberíamos preguntarnos: ¿cuánta vida genera nuestra parroquia?
Este es el sueño: una parroquia viva que genera vida.





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